jueves, 18 de febrero de 2016

HIGIENISMO MEDIOAMBIENTAL

 Solemos pensar en general que a la sociedad india no le interesa mantener sus espacios públicos limpios y ordenados. Afortunadamente, pude comprobar en uno más de mis viajes a este lugar que la cantidad diseminada de plásticos usados, papeles y  otros deshechos en el tendido urbano y rural se ha estabilizado. Forman parte ya del paisaje habitual como un poste o una flor. A este espectáculo tan poco acogedor no contribuye tampoco la incesante cacofonía de bocinas que alborotan la acústica local. En la contrabalanza, un mosaico extraordinario de vivos colores y olores amenizan el caos medioambiental creando una suerte de espectáculo vivo e intenso alrededor del viajero. 

     Pero no voy a hablar de la sociedad india. No creo, aun si fueran educados para ocultar sus desechos, que pudieran disponer de los instrumentos necesarios para hacerlo. Voy a hablar de nosotros. No es que no generemos esas miles de toneladas de deshechos. Generamos muchísimas más aun reciclando una diminuta parte. ¿Qué ocurre? que lo barremos todo bajo la alfombra o lo arrojamos por la ventana de países menos desarrollados (tecnológicamente) para no tener que verlo ni olerlo. Pero bajo la bella estampa del pulcro higienismo que barniza nuestras calles, hay muchas capas de toxicidad medioambiental.
      La pregunta que me hago es si la ocultación material de estos deshechos molestos a los sentidos no es una forma más de engaño que repercute en la convivencia social. Es decir, si la ocultación de estos deshechos no deja en el entendimiento la oquedad de un proceso causal incompleto en la constitución de lo real. Un nihilismo crítico. En los aparadores aparecen productos nuevos salidos de la nada y vuelven a la nada cuando se estropean o envejecen. Este lapso mental entre la desaparición y aparición de productos en el cotidiano va generando un tejido nihilista que excita la mente creando un estado generalizado de perpetua preocupación. La euforia del consumo va acompañada de ansiedad, impaciencia e inseguridad.
  
 Los fabricantes se afanan en ocultar el 'antes' y el 'después' de sus productos para no perder 'impacto' en el punto de venta. El mago tiene que ocultar sus trucos para triunfar. Tiene que parecer que nada cambia en el 'habitat' para que siga la fascinación por lo nuevo. El confort y la tecnología no pueden cargar con el peso de la degradación medioambiental. Esto menguaría el placer de un disfrute "happy" y desinhibido. Pero ya no se puede ocultar más. Los índices son cada vez más altos y esto persuade a los fabricantes para etiquetar de 'responsabilidad medioambiental' los productos con contribuciones 'voluntarias' que eximan  al consumidor por lo que contaminan sus excesos.[La realidad es que no hay ya como maquillar de normalidad lo que ocurre. Tal vez no sea una mera correlación espuria el colapso económico más actual y la alarmante alteración climática que remueve el mundo recientemente, como el extraño "veroño" que vivimos este invierno en Barcelona].  
   
      En algún sentido la India que conozco vive una realidad más auténtica. Los efectos son más palpables y el contacto corporal de sus habitantes con el perjuicio físico y mental que producen los desechos manufacturados no altera el tono vital de sus habitantes, sosegado y firme, pese a no ser nada fácil la vida allí.

joanbahr@ymail.com

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